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El signo del exorcista

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El padre Gabriele Amorth nos vuelve a presentar relatos inéditos: los casos de posesión más duros, más largos, más difíciles. El exorcista decano de la Iglesia católica no acepta ser el último de los liberadores. Convencido de que la “hora de Satanás” se acerca, revela sus últimos combates contra las legiones infernales, decidido a entregar su herencia de prácticas, ritos y oraciones para derrotar al demonio. En el año que el papa Benedicto XVI ha consagrado al tema de la fe, el padre Amorth pone en el centro del debate los temas más relevantes, y llama la atención sobre la necesidad de estar en guardia ente un mundo secularizado que se está consumiendo en el hastío, en la envidia, en el materialismo. Hoy reina un silencio sobre las realidades luciferinas que agitan los contextos sociales y eclesiales. Para contrastar este silencio culpable, el sacerdote ha decidido levantar todo los velos, con el fin de trasmitir a los fieles, laico su bagaje de experiencia, su legado, en especial a quienes vendrán después de él, a los jóvenes exorcistas que pronto serán llamados a enfrentar fenómenos de posesión cada vez más cruentos y los funestos vínculos con el maligno.“Satanás es odio. Dios es amor. Mis palabras son fuego” (Padre Gabriele Amorth).

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Gabriel Amorth

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El padre Gabriele Amorth nos vuelve a presentar relatos inéditos: los casos de posesión más duros, más largos, más difíciles. El exorcista decano de la Iglesia católica no acepta ser el último de los liberadores. Convencido de que la “hora de Satanás” se acerca, revela sus últimos combates contra las legiones infernales, decidido a entregar su herencia de prácticas, ritos y oraciones para derrotar al demonio. En el año que el papa Benedicto XVI ha consagrado al tema de la fe, el padre Amorth pone en el centro del debate los temas más relevantes, y llama la atención sobre la necesidad de estar en guardia ente un mundo secularizado que se está consumiendo en el hastío, en la envidia, en el materialismo. Hoy reina un silencio sobre las realidades luciferinas que agitan los contextos sociales y eclesiales. Para contrastar este silencio culpable, el sacerdote ha decidido levantar todo los velos, con el fin de trasmitir a los fieles, laico su bagaje de experiencia, su legado, en especial a quienes vendrán después de él, a los jóvenes exorcistas que pronto serán llamados a enfrentar fenómenos de posesión cada vez más cruentos y los funestos vínculos con el maligno.“Satanás es odio. Dios es amor. Mis palabras son fuego” (Padre Gabriele Amorth).