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Aprendi de ella

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Cada una de vosotras cultivasteis de modo exquisito la semilla de la fe en los tiernos corazónes de vuestros hijos y abonasteis la tierra de vuestros hogares con amor maternal, cariño , cuidados, piedad, ejemplaridad, alegría, paciencia, entrega, gratitud, servicio, perdon, compañía, proteccion en definitiva, vuestra humanidad; por eso, habéis sido capaces de crear el ambiente humano y sobrenatural adecuado para favorecer la fidelidad de estos jovenes dispuestos a ser sal de la tierra y luz del mundo en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Es cierto que muchas de vosotras habéis pasado desapercibidas a lo largo de la historia, pero vuestra piedad, valentía, compromiso y generosidad se han puesto al servicio de toda la humanidad y sois un ejemplo para las mujeres del siglo XXI. Madres ejemplares y heroicas, buenas y piadosas, generosas y dispuestas, que no solo habéis tenido la valentía de dar la vida con generosidad y alegría, sino que, sabiéndose colaboradoras de diós, habéis instruido a vuestros hijos en la amistad con Jesús y les habéis ayudado a crecer en edad, sabiduría y gracia para ser sal de la tierra y luz del mundo, en el ejercicio del ministerio sacerdotal.

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SKU: 9788494099236

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Cada una de vosotras cultivasteis de modo exquisito la semilla de la fe en los tiernos corazónes de vuestros hijos y abonasteis la tierra de vuestros hogares con amor maternal, cariño , cuidados, piedad, ejemplaridad, alegría, paciencia, entrega, gratitud, servicio, perdon, compañía, proteccion en definitiva, vuestra humanidad; por eso, habéis sido capaces de crear el ambiente humano y sobrenatural adecuado para favorecer la fidelidad de estos jovenes dispuestos a ser sal de la tierra y luz del mundo en el ejercicio del ministerio sacerdotal. Es cierto que muchas de vosotras habéis pasado desapercibidas a lo largo de la historia, pero vuestra piedad, valentía, compromiso y generosidad se han puesto al servicio de toda la humanidad y sois un ejemplo para las mujeres del siglo XXI. Madres ejemplares y heroicas, buenas y piadosas, generosas y dispuestas, que no solo habéis tenido la valentía de dar la vida con generosidad y alegría, sino que, sabiéndose colaboradoras de diós, habéis instruido a vuestros hijos en la amistad con Jesús y les habéis ayudado a crecer en edad, sabiduría y gracia para ser sal de la tierra y luz del mundo, en el ejercicio del ministerio sacerdotal.